
Una de las caras ocultas del funesto prisma del Holocausto nazi. La brutal represión que sufrieron decenas de miles de homosexuales bajo el delirante cargo de “enemigos de la raza”. Y es que cada vez más gente sabe cuántas judías y judíos murieron en los campos de concentración pero casi nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas fueron asesinadas o marcadas de por vida con secuelas irreversibles por su tendencia sexual. Ahora se habla de unos 100.000 nombres aparecidos en las llamadas “listas rosas”, es decir, aquellas confeccionadas con los nombres de estas personas. Se estima que entre 15.000 y 54.000 fueron internados en campos de concentración de los cuales hasta un 53% no sobrevivieron. Muchos de estas personas fueron asesinadas por las palizas que les propinaron, en más de una ocasión, el resto de los prisioneros del campo.
Según el CDU, partido demócrata-cristiano tal horror no merece un recuerdo de sus víctimas: en 2006 el Gobierno formado por el socialdemócrata SPD y Los Verdes impulsaron la idea de levantar un monumento que se compondría, básicamente, de un bloque del mismo material y textura que los otros 2.711 bloques colocados en el parque de Tiegarten, en Berlín, en memoria de las víctimas judías. Los conservadores votaron en contra. La actitud del CDU no sorprende teniendo en cuenta que este partido, con Konrad Adenauer al frente, siguió manteniendo la homosexualidad en el Código Penal hasta 1969.
El monumento, inaugurado ayer, es obra de Michael Elgreen e Ingar Dragset.
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El triángulo rosa, actualmente, ha quedado como símbolo de lucha del movimiento gay, al igual que el triángulo negro del movimiento lésbico. El origen de este símbolo es escalofriante: era cosido en la solapa del uniforme de los prisioneros internados por su condición de homosexuales.