Adelantamiento…por la izquierda

Octubre 11, 2009

Gürtel madrileño: el fracaso del “peperismo”

Me uno a estas alturas a escribir de un asunto que ha ocupado portadas y llenado páginas de los principales diarios generalistas, especialmente de El País, cuyos redactores han destapado y difundido los presuntos escándalos de una trama corrupta de la que, después de unos cuantos meses, tan sólo se ha descubierto lo que parece ser la punta del iceberg. Y todo ello debido a que las pesquisas están anticipando un grado de implicación de personas vinculadas o pertenecientes al Partido Popular de Madrid muy superior a lo que se había intuído hasta entonces. De momento, hay tres imputados que destacan por su envergadura política: Alberto López Viejo, Benjamín Martín Vasco y Alfonso Bosch Tejedor.

El primero, presuntamente, proporcionaba desde la Comunidad de Madrid contratos divididos para evitar que salieran a concurso a cambio de generosas sumas de dinero. La alusión a este hombre por parte de Francisco Correa en las conversaciones grabadas, en la que le define como el “muñidor” de las operaciones y la aparición de su nombre en la contabilidad “B” de las empresas que eran propiedad de Francisco Correa, lo hicieron caer. Martín Vasco, por su parte, está acusado de realizar labores de intermediario para la empresa Martinsa, entidad que habría pagado comisiones a Francisco Correa con el fin de conseguir proyectos urbanísticos en Arganda del Rey, siendo consejero delegado de la empresa pública Fomento y Desarrollo Municipal. Bosch Tejedor, como gerente de la sociedad municipal de Suelo y Vivienda de Boadilla del Monte, cobró por colaborar en la adjudicación del proyecto de construcción de la ciudad deportiva de Boadilla.

Estos tres diputados abandonarán su escaño en el Grupo Popular pero no la Asamblea de Madrid. Esperanza Aguirre comunicaba ayer que los implicados en la trama dejaban su puesto por voluntad propia, para no perjudicar al partido. Es evidente que Aguirre ha jugado en esa decisión un papel fundamental por no decir que han sido sus dotes de persuasión las que, muy posiblemente, han llevado a la situación actual. Por eso, precisamente, la postura adoptada por la cabeza del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid no obedece más que a un lavado de cara superficial, aprovechando una tendencia a la comunicación politica simplona que se rige por el efectismo fácil. Los tres imputados conservan su sitio y siguen siendo militantes del PP. Nadie, Aguirre la primera, se ha planteado arrebatarles sus actas y poner el futuro de su militancia en manos de Génova.

A partir de ahora pasarán a formar parte del Grupo Mixto, así es como se esconde la porqueria al barrer en el PP madrileño, debajo de la alfombra. Desde luego, pese a lo mezquino del gesto, la lideresa ha sido sin duda la gran beneficiada: con su acción se desmarca de Rajoy, presionándolo por no haber adoptado ningún tipo de decisión y mirar hacia otro lado. Ello, sin duda, es una hábil estrategia para mover el precario sillón del líder conservador y para marcar la diferencia con respecto al que hasta ahora había sido uno de sus principales rivales en el acceso a la presidencia del PP, Francisco Camps. Por no hablar, claro está, de que cuanto antes se amputen los miembros gangrenados de un cuerpo, menos probabilidades hay de que el mal se convierta en septicemia y llegue a la cabeza.

Ernesto Erkaizer afirmaba hoy en su columna que Rajoy, con esa actitud tan ambivalente y timorata ante el caso Gürtel, más allá incluso de lo que nos tiene acostumbrados como personalidad política, no pretende esconder la cabeza, o no, al menos, para ver si escampa la tormenta por sí misma, sino para procurar una “regionalización” de la crisis del PP, es decir, que la opinión pública interprete los presuntos escándalos de corrupción como un problema de un sector del PP, que hasta ayer habría sido el valenciano. La reacción de Camps a todo esto, sacando pecho como si se dedicara “vivas” a sí mismo al más puro estilo Berlusconi, daría crédito a la tesis en torno al asunto que parece pretender instaurar Rajoy. Si existiera una sociedad civil independiente y un electorado maduro en la Comunidad Valenciana, ese personalismo de la trama en Camps y el victimismo regionalista que pretende imponer para desviar la atención, deberían tener un efecto devastador en su credibilidad. Como no puedo evitar dudar de que esto sea así, es necesario que en la Comunidad de Madrid la oposición se movilice con vehemencia y apunte -con pruebas en la mano, claro está-  a la relación de la trama de Madrid con Génova con la cúpula nacional del PP.

Y es que en Madrid, a raíz de la trama Gürtel, se ha puesto de manifiesto el fraude y el fracaso del proyecto político que en esencia representa el Partido Popular. Esta formación nació con la intención de servir de agente aglutinador a las corrientes de la derecha más representativas del país. Las dos tendencias más amplias de la derecha política europea, liberalismo y democracia cristiana, que en otros estados de la UE como pueda ser el caso de Alemania se encuentran representadas por partidos diferenciados y, por tanto, rivales -independientemente de que estén condenados a entenderse- no se da en España, donde ambas corrientes se presentan juntas existiendo, aparentemente, un ecosistema autónomo dentro del PP donde el liberalismo se adjudicaría el control ideológico de la política económica mientras que el conservadurismo de signo católico se ocuparía de las propuestas ideológicas a nivel teórico y de cara a las instituciones o a las relaciones internacionales. La conjunción de estos bloques es una alianza muy forzada que estaba condenada a reproducir los defectos más característicos de ambos paradigmas ideológicos. Y el caso Gürtel lo ha venido a demostrar.

La tesis de que una administración pública adelgazada hasta casi la extinción elimina la burocracia, rebaja la fiscalidad y barre la corrupción, acabando con aquellos factores que posibilitan su aparición, se ha mostrado absolutamente errada, tanto en la Comunidad de Madrid como en la capital. El PP, como fuerza política dispuesta a todo, no está por la labor de aplicar el laissez faire, laissez passer, y lleva a cabo una política intervencionista que hace ilusoria la libre competencia en el mercado. Dejar actuar al mercado y engrilletar al Estado no conviene si su poder de influencia disminuye. Llegada esta contradicción, trucan las leyes del juego haciendo que una empresa ligada a sus intereses divida la facturación de esa empresa, con lo que se consigue una falsa puja entre una especie de entidades fantasma, de tal manera que es aquella que tiene el monopolio la que termina llevándose el gato al agua. De ahí, precisamente, la ineficacia de las políticas privatizadoras aplicadas por Aguirre y de las que se enorgullecía de haber copiado a Margaret Thatcher. No son transparentes, ni limpias, ni competitivas, sino, precisamente, todo lo contrario.

 

Publicado en Progreso 21

Abril 15, 2009

Cluedo de espías

Juventudes Socialistas de Madrid lanza una campaña denunciando la trama de espionaje en los gobiernos municipal y autonómico con un toque de humor.

Por fin, presencia mediática:

http://www.publico.es/espana/politica/218779/trama/espionaje/pp/juego/cluedo/espias

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-14-04-2009/abc/Madrid/juventudes-socialistas-lanza-el-cluedo-de-los-espias-para-denunciar-el-espionaje-en-la-comunidad-de-madrid-_92151157694.html

Marzo 16, 2009

Se veía venir

Hoy el PP con Esperanza Aguirre al frente, haciendo valer su mayoría absoluta, ha dado carpetazo de manera oficial a la comisión de investigación de la Asamblea Regional sobre el presunto espionaje político en la Comunidad. Para la oposición, formada por PSOE e IU, las conclusiones de esta comisión no reflejan sino el interés del Ejecutivo Regional por tapar agujeros en torno a este escándalo a toda costa. Lo más grave es que todo este montaje ha costado dinero; no es desacertado, por tanto, señalar que el Gobierno de Esperanza Aguirre ha financiado con dinero público el ocultamiento y obstrucción de la investigación a nivel institucional.

Es evidente que en la región se ha cocido algo serio y de gran calibre, en lo que a podredumbre se refiere, claro está. Y miembros del propio partido presuntamente implicado pueden corroborarlo: no se  les permitió intervenir y relatar su versión e hipótesis relacionadas con el asunto. No obstante, en la investigación en curso de la Fiscalía, así como en los medios de comunicación, se aprecian evidencias preocupantes, la más clamorosa, entre otras: un vistazo a la agenda de las víctimas muestra inquietantes similitudes con los informes que supuestamente redactaron los miembros del equipo parapolicial encargados de los seguimientos.

Para terminar de rematar una actuación que destaca por su descaro en el insulto a la inteligencia de la ciudadanía madrileña, el Gobierno regional ha hecho caso omiso a las reclamaciones de los grupos de la oposición para que se desmantele la disposición actual del organigrama de la Consejería de Justicia e Interior, la cual parece resultar propicia para la aparición de estas estructuras al margen de la ley.

Marzo 12, 2009

Vergüenza…¿ajena?

No acierto a encontrar otra palabra para expresar lo que he sentido cuando anoche oía en la radio, mientras cenaba, que el PSM declinaba asistir a un acto convocado por Esperanza Aguirre en memoria de las víctimas de los atentados del 11 de marzo en Madrid. Según el Secretario General de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, se trataba de dejar plantada a Aguirre en respuesta al abrupto cierre de la comisión de la Asamble de Madrid en torno a los presuntos casos de espionaje político. Me parece un desatino sin precedentes en la historia del partido que propiciará y de hecho está produciendo ríos de tinta y palabras de reprobación.

Pensemos por un momento en las consecuencias de esto: acabamos de dar a Aguirre la excusa perfecta para tirarnos un buen saco de estiércol sobre la cabeza de las y los socialistas y lo peor es que se lo hemos puesto en bandeja. No nos engañemos, por favor, hemos dado al PP madrileño una pala y un saco adicional de arena para que acaben de enterrar toda oposición en Madrid. Si ya de por sí la derecha tiene más fuerza, hoy por hoy, para hacerse oír en la Comunidad de Madrid, no digamos en la capital, es obvio que va a prevalecer el desplante realizado a las víctimas del 11-M y no el hecho de que Aguirre y su Gobierno fueran los que, con impresentable desparpajo, negaron las subvenciones a la asociación de víctimas que preside Pilar Manjón cuando el PP hacía oposición con Alcaraz, el que por entonces fuera presidente de la AVT. Por añadidura, la impunidad con la que el Ejecutivo regional ha cerrado la investigación sobre el espionaje, sin escuchar prácticamente ni una sola de las reclamaciones de la oposición (PSOE-PSM e IU) y rechazando de plano escuchar a las presuntas víctimas, va a quedar totalmente solapada por la espantada socialista. En pocas palabras, Tomás Gómez y su equipo han -o van- a conseguir justamente lo contrario de aquello que seguramente se proponían al dar este paso.  

Izquierda Unida, el partido situado a nuestra izquierda en el espectro político, valga la redundancia, el que nos considera a menudo por no decir siempre tibios cuando no cómplices de la derecha, acudió ayer al acto, encabezado por Inés Sabanés. ¿Por qué lo habrán hecho? Creo que la respuesta es bien simple. En primer lugar, porque los familiares de las víctimas y las propias víctimas que ya no están en este mundo no tienen por qué verse afectadas por las luchas del día a día en la Asamblea de Madrid salvo en lo que pueda concernir al bienestar de la ciudadanía madrileña, en cuyo caso, hay que involucrar de lleno a las personas con el fin de hacerlas partícipes de logros, propuestas y decisiones que incidan directamente en su calidad de vida. Y el terrorismo así como la atención de las victimas es un asunto de Estado que compete a todos. En segundo lugar, hay que tener presentes y saber discernir con precisión los márgenes institucionales en el terreno político: la de ayer no fue una convocatoria del PP madrileño, sino del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Que el mismo esté presidido por miembros de este partido es, en este caso, digamos, un fatal accidente, porque la convocatoria no fue de este partido propiamente dicho sino de un organismo institucional a cuyo gobierno -creo- aspirarán (aspiraremos) las y los socialistas madrileños algún día como segunda fuerza política de la región. Por ello, en tercer lugar, nuestra obligación hubiera sido estar allí, porque también representamos a una parte -hoy por hoy más exigua- del electorado madrileño. Creo, sinceramente, que hemos faltado el respeto por triplicado: a las víctimas de la mayor masacre terrorista que ha conocido la historia de España, a la sociedad madrileña en conjunto y al electorado socialista en particular. 

Para combatir a Aguirre y su maniobra caciquil de cerrar en falso la comisión de investigación hay otros medios, otras formas y otros lugares. Incluso, por ejemplo, habría bastado con retirarnos a tiempo de la comisión, ya que cuando se fijaron las normas para su desarrollo se divisaba este final en el horizonte, en tanto en cuanto se apuntaba a una instrumentalización de la misma por parte del Ejecutivo de la lideresa, como en su día sugerí en este humilde blog. Negro, veo la alternancia y el saneamiento democrático en la región muy negro a raíz de esto. Quien suscribe estas líneas no tiene ni la más remota idea de cómo el PSM podrá recuperarse de este descalabro a nivel político, institucional y mediático.

 

Por cierto, mi más sincero pésame a las víctimas con el deseo de que una monstruosidad de esta magnitud no vuelva a repetirse.

Febrero 11, 2009

Bajando a las cloacas

Desde que informé sobre la presunta trama de espionaje político en la Comunidad de Madrid cuando se destaparon los primeros indicios, no había vuelto a escribir sobre el tema. La razón fundamental es que cada día aparecían datos nuevos, la telaraña se agrandaba y el problema revestía caracteres mucho más complejos. Lo que hoy podía ser un dato obvio podía quedar matizado o, incluso, sobrepasado por otros mañana.

Si hay algo que sacado en claro de todo este asunto es que los medios de comunicación que han ido destapando la trama han pasado demasiado tiempo centrando su atención en los entresijos del conflicto que late en el núcleo del Partido Popular. En ocasiones daba la impresión de verme ante una crónica donde se detallan los entresijos de alguna corte europea trescientos años atrás, casi en un tono de entretenimiento, como una recopilación de curiosidades y chismes de pasillo. El drama, no obstante, no es imaginar a Esperanza Aguirre encarnada en el intrigante cardenal Richelieu, con toda una serie de espías y guarda personal que se encarguen de averiguar su posición en la Corte o eliminar a todo aquel que le haga sombra sino que estamos en pleno siglo XXI, en un país que ha dado pasos de gigante en lo que a democracia y derechos se refiere, que ese espionaje se ha realizado de manera ilegal en un lugar donde debería de primar la Ley y, lo más doloroso, que se ha hecho, presuntamente, con dinero público. Pero por encima de todo ello, lo más intolerable, si cabe, es que se hayan llevado acabo investigaciones parapoliciales, siguiendo, incluso, de forma paralela, a otras investigaciones en curso a nivel policial y/o judicial a un grupo de personas por el mero hecho de pertenecer a un partido político determinado.

Si entre ellos -los “populares”- quieren espiarse y lanzarse mutuamente todo tipo de reproches e infundios, es asunto suyo, yo no milito en ese partido ni tengo la más mínima simpatía por el mismo. Pero, cuando se ponen esas intrigas por encima del gobierno de la Comunidad de Madrid y de su capital, se juega con el bienestar de sus ciudadanos, por no hablar del hecho abominable de que un determinado cargo de un determinado partido utilice las facultades de ese poder que ostenta para tratar de desprestigiar a un partido rival. Insisto, eso para mí es lo más sucio dentro del plano más estrictamente político: se ha perseguido delitos que presuntamente podrían afectar al PSOE allá donde gobierna, en ningún momento por perseguir el noble propósito de un nivel de corrupción cero, sino para fagocitar más poder, para que éste se torne omnímodo en la región. Esto, aparte de con la estafa que ha supuesto para la ciudadanía madrileña, es lo que realmente deseo recalcar aquí.

A fecha de hoy, un calígrafo ha asegurado que la letra manuscrita de los distintos partes de seguimiento a políticos municipales y regionales proceden de hombres de la confianza de Sergio Gamón, quien fuera jefe de la Dirección General de Seguridad en la Comunidad de Madrid y mano derecha en este sentido de Esperanza Aguirre. Otro de los supuestos espías ejerció de escolta de la Presidenta de la Comunidad en varios actos de partido de la campaña para las elecciones autonómicas de 2007, dentro de un dispositivo paralelo al asignado a Aguirre de manera oficial, cosa, en principio, ilegal. Sin embargo, Aguirre parece que sigue sin tener claro hasta dónde llega su espacio de poder y ahora exige la entrega de documentos de la Guardia Civil y del Centro Nacional de Inteligencia sobre todo lo referente a este caso, ha retrasado la apertura de la comisión de investigación y ha colocado para presidir la misma a Benjamín Martín Vasco, amigo personal de Francisco Correa, el presunto jefe de la trama corrupta cuyos vínculos se ramifican hasta el mismo corazón del PP madrileño.

Con todos estos antecedentes creo que sería mejor considerar la retirada de las fuerzas políticas de la oposición de la comisión organizada en la Asamblea de Madrid ya que, aún siendo consciente de que es la excusa perfecta para Aguirre y su tropa, opino que formar parte de semejante farsa es una bufonada que tan sólo hará que el PP salga prácticamente indeleble y el PSM como mera comparsa de la ultramontana derecha madrileña.

Enero 19, 2009

La policía política del Gobierno regional

 

Sencillamente escandaloso. Un menoscabo imperdonable de los principios fundamentales de la democracia y del Estado de Derecho. Quienes me leen, saben que rara vez empiezo calificando categóricamente una situación y, la mayoría de las veces, ni siquiera a lo largo de toda la entrada, aunque pueda insinuarlo de manera más o menos abierta. Pero casos como el destapado hoy por la prensa ponen de manifiesto el apestoso y repugnante cinismo de quienes se han atrevido a condenar todo un partido y una manera de hacer política por escándalos como los GAL, o las llamadas escuchas del CESID. Y todavía se atreven a catequizar. Y a señalar. Y a colgar etiquetas. Y a hablar como si se encontraran en posesión de la verdad. Y a difundir bulos sin pestañear. 

Pues con todo ello Esperanza Aguirre ni se ha inmutado: -”Cuando el gobierno o el diario El País no tienen de qué hablar, atacan a Madrid en lugar de la crisis”. Toma ya. Esto viene a ser como aquel refrán: “¿Dónde vas? Patatas traigo”. Pediría a las señoras y señores del Gobierno regional que no insultaran la inteligencia de la ciudadanía. ¿Es que no se dan cuenta de que todo el mundo conoce -y va a conocer- que utilizan la Comunidad de Madrid y sus recursos como su dominio vasallático particular? ¿Es que creen que no nos hemos enterado de lo que hemos leído ni de la pregunta que acaban de hacerle los reporteros?

 

Francisco Granados, Consejero de Presidencia, Seguridad e Interior de la Comunidad de Madrid contrató como asesor en materia de seguridad al ex-inspector de la Policía Nacional Marcos Peña. Hasta aquí todo normal. Lo condenable, es cuando Peña se rodea de un equipo formado por, que se sepa hasta ahora, tres antiguos agentes de la Guardia Civil. Este grupo se dedicaba a elaborar informes destinados al consejero Granados. El primer indicio de que algo grave se cuece, viene cuando se descubre que estos antiguos funcionarios utilizaban los contactos que aún poseían en ambos cuerpos de seguridad. El segundo indicio viene cuando se descubre que la información recolectada era “algo” diferente de la que, en principio, cabría  esperar que podría manejar un Consejero de Seguridad autonómico: los informes, al menos los más exhaustivos, eran aquellos que contenían datos y cuantiosos detalles de presuntas tramas de corrupción que tenían lugar, qué casualidad, en ayuntamientos gobernados por el PSOE. Y el tercero, que esta labor de captación de información se hizo de manera paralela a otras investigaciones que sí estaban oficialmente abiertas en el ámbito policial y judicial.

La gravedad de la situación se resume en un solo apunte: la actividad del equipo de Granados no contaba con una sola limitación, ya fuera política o judicial. No es de extrañar, por tanto, que las actividades de estos funcionarios retirados se sitúe fuera de las competencias establecidas por la Ley a la hora de llevar a cabo investigaciones de este cariz: los datos solicitados por el equipo que elaboraba los informes tan sólo podrían ser solicitados por una unidad policial. Hay que tener en cuenta que dicho equipo recibió información, entre otras, de la UCO (Unidad Central Operativa) de la Guardia Civil y, posiblemente, de Asuntos Internos, tanto del citado cuerpo como del Cuerpo Nacional de Policía. El requerimiento de esta información, por otra parte, ha de ser solicitada dentro del marco de una investigación policial y judicial. El equipo de Granados no contaba ni con una ni otra justificación: los informes iban dirigidos en exclusiva y eran elaborados en beneficio del Consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid. El tercer requisito, quizá el más importante, que los hechos presuntamente delictivos investigados por una unidad policial concreta, han de estar dentro del ámbito de sus competencias y, desde luego, los informes elaborados por Peña y sus colaboradores no formaban parte de las competencias asignadas ni a las policías locales, que dependerían de cada ayuntamiento, ni a la BESCAM, cuya implantación definitiva está en funcionamiento. Hay que señalar que esta suerte de detectives privados se ocuparon de destapar por su cuenta presuntos casos de  corrupción urbanística -Ciempozuelos-, policial -Coslada- y del crimen organizado en torno a la seguridad de los locales de ocio en la capital.

Con estos datos en la mano, no conviene perder de vista, independientemente de que todo lo destapado sea completamente exacto o no, que Granados parecía conocer muy de cerca el caso de corrupción en Ciempozuelos, las actividades de Ginés Giménez, el antiguo jefe de la Policia Local de Coslada y el fenómeno de la pugna de distintos grupos presuntamente delictivos por controlar la seguridad en las discotecas de moda antes del asesinato de un portero de nacionalidad rumana a manos de un sicario o el de Álvaro Ussía Caballero, a manos de otros tres porteros de discoteca. Creo que son motivos suficientemente graves como para que Granados dimitiera ipso facto o fuera cesado por la Presidenta de la Comunidad de Madrid o, en su defecto, dimitiendo ella misma.

Enero 9, 2009

Populismo e incompetencia en Madrid

La respuesta de Madrid ante las inclemencias meteorológicas ha reflejado una sonora incompetencia, mezclada con un populismo exacerbado, por parte de la que se autoproclama “Presidenta de todos los madrileños”. Más de lo que venimos viendo desde hace unas cuantas legislaturas pero, de manera más escandalosa, desde el año 2007, cuando el PP no ha parado de regodearse en su mayoría absoluta y se ha enfrascado en luchas de poder dentro del propio partido hasta el punto de descuidar por completo la atención a la gestión de la Comunidad y del Municipio, la misión que le encomendó de manera clara la ciudadanía madrileña en las pasadas Elecciones Autonómicas.


Es de todo punto inadmisible que una gran ciudad que pretende postularse como candidata a los próximos Juegos Olímpicos no sepa reaccionar ante un problema meteorológico que, pese a ser un escollo, no ha alcanzado el máximo nivel de alerta. Lo que, en este sentido, clama al cielo es que haya ciudadanos atrapados por la nieve en pleno corazón de la ciudad. Ha habido personas que no han podido moverse durante más cuatro horas en calles aledañas al centro, no estamos hablando de una carretera secundaria de un puerto de montaña.

 Pues con semejante panorama, la Delegada de Medio Ambiente en el Ayuntamiento, Ana Botella, no se le ha ocurrido nada. Nada, insisto. Se ha limitado a declarar que existe sal a disposición de toda la ciudadanía. Bien, brillante. Según este planteamiento, todo madrileño atrapado debe adoptar el siguiente protocolo de emergencia: acudir no sabemos bien a qué lugar para volver al emplazamiento donde ha quedado atrapado su vehículo con un cubo repleto de sal, una pala y…ponerse manos a la obra. ¿Y qué más quiere la gente que haga nuestra delegada si no da más de sí? Como ha dicho ella misma, por toda justificación: “es invierno y, en invierno nieva”. Muy bien, doña Ana ”Einstein” Botella, toda una filósofa, además de humorista.


Lo que tampoco tiene desperdicio es la actuación de Granados, Consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid. Respecto a la oleada de frío ha mencionado que la Comunidad ya lo tenía previsto pero que en ningún momento pudieron imaginar que fuera a nevar tanto (cómo se nota que esta persona no sabe cuál es la situación meteorológica de los países nórdicos en invierno, ni siquiera de los del Benelux) y que la culpa, la mayor parte de la misma, corresponde a la inoperancia del Servicio Meteorológico. Y ahí se ha quedado. Por cierto que este mismo cargo público, cuyo cometido es gestionar la seguridad en la región, ha asegurado que los hospitales madrileños son altamente seguros, independientemente del asesinato de uno de los presuntos capos de la droga del cártel de Medellín, Leónidas Vargas. Y es que un caso como éste hace que se planteen una serie de preguntas: ¿Cómo la dirección del hospital no supo a quién tenía ingresado? Peor aún, ¿cómo no alertó la Consejería de Justicia e Interior al hospital de la identidad del paciente? ¿Cómo es posible que un individuo entre armado con una pistola -lo de menos es que nadie oyera los disparos, porque el arma llevaba acoplado un silenciador- y dispare hasta cuatro tiros sobre un enfermo? Y, finalmente y quizá lo más grave: ¿Es que a nadie se le ocurrió instalar a Vargas en una habitación aislada y solo dado que se trataba de un preso? Debida a la inoperancia en este último caso, un paciente sufrió un shock traumático cuando el sicario le obligó a volverse para disparar a su víctima. Por fortuna, sí, por fortuna, todo quedó en eso, ya que no es difícil imaginar que un asesino a sueldo contratado en el extranjero que entra y sale del país en el que ha cumplido su “encargo” de manera anónima, podría haber disparado con toda probabilidad al paciente de la cama contigua para asegurarse de que no dejaba ningún testigo que pudiera delatarle en un juicio algún día. Bien mirado, esto es una cuestión de lógica, aunque también de interesarse por el cargo que uno ocupa, leer y ponerse al día en materia policial y de seguridad, pues éste es el modus operandi más característico de los sicarios; si normalmente es arriesgado y no digamos ya traumático presenciar un asesinado común, estar delante en el momento en que se produce un “ajuste de cuentas” es, sencillamente, recibir una sentencia de muerte.


Finalmente, no me queda más que subrayar el patetismo de las manifestaciones populistas de Esperanza Aguirre. Resulta que ha ido recogiendo por el camino a conductores atrapados en la M-40 ante la imposibilidad de acudir al aeropuerto para asistir a la reunión programada con Francisco Camps en Valencia. Qué maravilla, qué alarde de generosidad, qué preocupación por el pueblo. Parece ser que, después, ha tenido que volver en Metro, mientras charlaba con algunos usuarios. Es sabido que Aguirre aprovecha estos baños de masas para hacerse fotos, recibir adulaciones y adoctrinar. Esto que no falte. Menos mal que algunos nos negamos a adorarla lacayunamente y sacamos a la luz su verdadera cara por encima de su impostura: las competencias respecto a todo lo relacionado con la M-40 son de la Comunidad de Madrid, así como las de la M-30, el Ministerio de Fomento, que ya intuyo lo que habrá comentado Aguirre a los usuarios con los que se ha cruzado, tendría la competencia en el resto, por ejemplo, en las carreteras comarcales.

Respecto al Metro, es un hecho que el número de pasajeros disminuye de manera inversamente proporcional a las quejas de los usuarios: lento, insalubre, caro, y paradas de entre media hora y una hora, conductores que ordenan bajar a los viajeros en determinadas estaciones sin aviso ni justificación alguna, que para eso la empresa privada que lo gestiona nos hace el favor -según la línea de pensamiento de los dirigentes populares- de permitirnos viajar en subterráneo. Quizá las ampliaciones de 2006 y 2007 deberían haberse realizado de manera notablemente más ponderada, lo que habría evitado que se hubiera desviado una gran cantidad de presupuesto en pantallas, propaganda institucional o en la disminución de las inspecciones de mantenimiento de la compañía donde han sido realizados los vagones, que hasta ahora ha sido Siemens, si no me equivoco. Digo esto, insisto, porque no quiero ni imaginar qué patrañas habrá contado la lideresa, presuntamente, a los ciudadanas y ciudadanos con las que se ha cruzado en este día kafkiano en Madrid.

Septiembre 14, 2008

Panem et circenses: derroche y clasismo

 

Noche en Blanco en la capital de España. Despliegue de luz, sonido y, como señala más de uno, cultura. Aunque para mí cada vez parece más una iniciativa impulsada por el mismo espíritu que lleva a proclamar fraternidad y armonía con el prójimo en Navidad. Sólo y únicamente en Navidad, no sea que nos excedamos de empalagosos. Las iniciativas culturales de este evento en Madrid acusan el mismo espíritu fariseo: “cultura para todos una vez al año, a ser posible en una noche fría y desapacible, y, repito, sólo una vez al año y en esas condiciones, que luego os acostumbráis mal”. Eso es como ofrecer el caramelo, ponérselo en la boca y quitárselo inmediatamente antes de que pueda saborearlo como es debido.

Por no hablar de que una noche como ésta termina siendo como el resto de “noches en blanco”: hay una cantidad tan ingente y desproporcionada de personas agolpándose para poder entrar a los diversos recintos que muchos bares de las inmediaciones abren sus puertas para quienes desean esperar refugiados en algún lugar o, directamente, a quienes desisten de permanecer toda la noche en una cola para perderse todos los demás espectáculos. En definitiva, más de una y de uno acabaría haciendo lo que hace el resto de fines de semana cuando sale de marcha por Madrid.

Ante este panorama, ¿no habría sido mejor suspender o retrasar la Noche en Blanco ante la crisis internacional cuyas orejas podemos ver ya en España? ¿No sería mejor que el Ayuntamiento o la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid firmaran algún tipo de acuerdo o convenio con el Ministerio de Cultura para ofrecer un par de días o tardes de todas las semanas visitas gratuitas a los museos de Madrid? ¿No sería mejor emplear ese presupuesto en invertir progresivamente en las áreas más deprimidas de la ciudad para mejorar la calidad de vida de sus barrios y tratar de ofrecer alternativas culturales para que personas de todas las edades vuelvan a tomar las calles de su distrito aquejadas por un nivel considerable de delincuencia?

Es probable que Ruiz-Gallardón respondiera a la primera pregunta que, si dilapida en tiempos difíciles, puede acusar al Gobierno central de ser éste último el responsable de la crisis y de que la capital de España no tenga dinero para lo verdaderamente esencial; a la segunda pregunta es probable que respondiera que invertir en cultura es un derroche innecesario cuando no reciben del Gobierno central las cantidades adecuadas para las necesidades básicas; y, siguiendo la misma lógica, a la tercera pregunta respondería que invertir en zonas deprimidas y en potenciar la oferta cultural en las mismas sólo puede tener resultados a medio y largo plazo y que, por tanto, no hacen la labor adecuada de propaganda.

Por favor, no nos engañemos. Cada iniciativa del alcalde, va encaminada a potenciar su propia imagen ante el resto de España; cuidado, en ningún caso la de la ciudad de Madrid y sus habitantes. Gracias a este despilfarro puede alentar el victimismo del PP madrileño y, de paso, concentrar todos los alardes de poderío económico en el centro de la capital, aprovechando que las zonas más desfavorecidas pueden pasar inadvertidas a ojos poco avezados o forasteros.

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