Adelantamiento…por la izquierda

Octubre 18, 2009

Más allá de la caspa y lo cutre

 

 

Ayer se manifestaron por las calles más céntricas de la capital de España los autodenominados “pro-vida”. Dado que esto es un concepto excluyente, como el nacionalismo que emana por sus poros, porque es como decir que los demás somos favorables a la muerte o que no nos gusta la vida, prefiero llamarlos contrarios-al-derecho-a-decidir. A que las mujeres sean dueñas de su propio cuerpo y, por tanto, a que se materialice de hecho su completa autonomía jurídica. A diferencia de muchas y muchos amigas, amigos y conocidos no siento indignación. Y no crean que por un sentimiento bonachón de “son sus ideas y hay que respetarlas”. Creo que tolerancia no es sinónimo de que todo sea tolerable y no puedo tolerar una manifestación contra los derechos de más de la mitad de la población. No obstante, lo de ayer me inspiró sensaciones encontradas de comicidad, desprecio y compasión.

Sí, precisamente por ese orden. Comicidad, porque las peticiones de los convocantes eran algo así como si en pleno 2009 salieran a la calle diciendo que el agua corriente, el alumbrado público y la red de alcantarillado son inventos satánicos que han de ser barridos de la faz de la tierra porque la pureza y virtud de las costumbres reside en ir a andar varias decenas de kilómetros cada día para conseguir agua o enfermar de tifus y disentería por vivir entre torrentes de agua sucia y excrementos. Cualquiera que reivindicara lo que aquí se plantea nos obligaría, seguramente, a pensar que la marcha ha sido convocada por personajes de una novela de Kafka o de alguno de los desconcertantes ensayos de José Saramago. El desprecio es el más mezquino de estos sentimientos, lo admito, pero por más que reflexionaba no comprendía cómo alguien podía pasar semejantes fatigas en un autobús -la mayoría de los manifestantes pasaba con holgura de los cincuenta y cinco años aproximadamente- para hacer el juego a las “fuerzas vivas” del entorno rural franquista que han amasado ingentes fortunas, entre otras cosas, con la credulidad de esas personas. Sin embargo, con la cabeza fría, el desprecio da paso a la compasión, al ver a una madre sevillana con nueve hijos -había acudido con seis de ellos- con la mirada perdida y extraviada, el rostro curtido y surcado por arrugas que denotaban fatiga y sufrimiento. Una expresión en su cara que era la viva imagen de la alienación del proletario descrito por los pensadores marxistas a lo largo del siglo XIX y principios del XX. Nótese, de hecho, que proletario viene de ”prole” ¿qué poder de manipulación puede tener una institución como la Iglesia católica para que alguien termine pidiendo que le  arrebaten las medidas de planificación familiar, la posibilidad de decidir cómo y cuándo quiere ser madre y, ya puestos, la jornada de 35 horas semanales o tan siquiera el derecho a trabajar? Ver a esta señora me recordó a los que gritaban “¡Vivan las caenas!” y tiraban con entusiasmo del carruaje de Fernando VII a la vuelta de su exilio.

La manifestación reunió a unas 200.000 personas según datos de la Policía Nacional, que suelen ser los más fiables. La Comunidad de Madrid, en cambio, eleva la cifra hasta más de un millón. No me extraña que el Gobierno regional se pronuncie de esta manera. Hay que tener en cuenta que el show de ayer fue financiado con dinero público regional. Resulta que la Comunidad de Madrid ha dado 230.000 euros a siete de los grupos convocantes. Esperanza Aguirre y sus consejeros son, por tanto, parte directamente implicada que cada vez muestran menos pudor en financiar a grupos fundamentalistas católicos. Como los gobiernos teocráticos musulmanes en países como Irán, Afganistán o Arabia Saudí, plataformas como hazteoir.org, al mando de Ignacio Arsuaga, defienden sin escrúpulo la imposición de una concepción cristiana en la sociedad. Al hilo de esto, creo que Aznar y Aguirre han incurrido en un pecado capital: soberbia. Y parecen no acordarse de que, según su propia visión del mundo, todo pecado lleva aparejado un castigo. A ver si después de lo de ayer queda claro para una mayoría de la sociedad española que el liberalismo no existe en el PP y desde luego no en la tendencia representada por Aznar y Aguirre. Son derechones, de los de toda la vida, de hecho, dada su apología del nacionalismo español y su voluntad de imponer a todo el conjunto de la sociedad los postulados de la Iglesia católica ¿sería incorrecto calificarlos de nacional-católicos, atendiendo a un sentido literal del término? Esto hace que su empuje político se reduzca en el PP y que Aguirre, más allá de las fronteras de la región madrileña, no consiga arrastrar masas en el resto de España, por más descontento que exista contra el Gobierno central. Puede que Aguirre, por su orgullo, haya contribuido, en contra de su voluntad, a prolongar la agonía del actual líder, Mariano Rajoy.

Más allá de la indignación lógica de las personas y medios de comunicación progresistas o simplemente mínimamente ilustrados y racionales por este despliegue de personas voceando consignas de poco peso intelectual y mucha casposidad, conviene reparar en algo bastante más siniestro. Lo visto ayer en la Plaza de la Independencia, no fue más que la avanzadilla, la infantería de lo que se nos viene encima, puede que incluso una vez aprobada la ley si no se combate desde la sociedad civil. Estos sectores antiabortistas han elaborado el programa Madre, que pretende constituirse, según dicen, como una red de apoyo a la maternidad. El programa se está empezando a desplegar a día de hoy en Castilla León y la Comunidad Valenciana. Consiste, en líneas muy generales, en que convencen a una mujer embarazada para que lleve a cabo la gestación hasta el final.

Si la mujer es mayor de edad, se le ofrece -dicen- un pequeño sueldo o “beca” para ello. Si es menor, se le ofrece alojamiento en un piso y la visita de profesores particulares para que siga estudiando sin ir a clase para evitar que haga esfuerzos. Los costes de todo esto, en el caso de una menor, correrían a cargo de una familia que habría ”apadrinado” a la adolescente por decirlo así. No hay que hacer un gran esfuerzo para imaginar lo que debe ser que a una mujer inmigrante sin papeles o en paro o sin pareja con quien compartir los gastos a lo que hay que sumar la ansiedad por un embarazo no deseado, sea puesta ante semejante situación. Y no digamos en el caso de la menor que, según dé a luz, entregue su bebé a la familia de acogida que ha corrido con sus gastos. Se está facilitando la compra de una niña o niño, así, como lo leen, como en los mejores tiempos de las dictaduras chilena o argentina.

 

Publicado en Progreso 21

Septiembre 14, 2009

Neonazis a la Audiencia Nacional: una oportunidad

El 11 de septiembre, el diario Público informaba de que los presuntos delincuentes pertenecientes a bandas neonazis pasarían a disposición de la Audiencia Nacional. Ayer, este mismo diario, informaba igualmente de la manifestación celebrada el sábado y que concluyó en Legazpi en homenaje a Carlos Palomino, el joven asesinado de una puñalada por un soldado de ideología neonazi cuando se dirigía a una manifestación de carácter xenófobo organizada y convocada por el partido de extrema derecha Democracia Nacional. La manifestación se realizó con vistas al juicio que se celebra hoy contra el presunto asesino. Muchas son las dudas de varios colectivos denominados ”antifascistas” sobre la imparcialidad del juicio. Sin embargo, como señaló Esteban Ibarra, presidente del Movimiento contra la Intolerancia, la medida anunciada por la Fiscalía General de la Audiencia, puede suponer un buen precedente a la hora de luchar contra este tipo de criminalidad.

Javier Zaragoza, fiscal jefe de dicha institución, nombró a Daniel Campos nuevo responsable de la persecución de los delitos cometidos por bandas neonazis. En virtud de la aplicación del artículo 577 del Código Penal, que establece penas para “los que sin pertenecer a banda armada, organización o grupo terrorista y con la finalidad de subvertir el orden constitucional o de perturbar gravemente la paz pública, o la de contribuir a estos fines atemorizando a los habitantes de una población o a los miembros de un colectivo social, político o profesional cometan homicidios, lesiones, detenciones ilegales, amenazas o coacciones contra las personas”. Una descripción que encaja a la perfección con los individuos que se mueven casi siempre en grupo o pertenecen a estas bandas. Tan divinamente sienta a estos seres el artículo 577, que uno no puede evitar preguntarse por qué este paso no se ha dado antes del mandato del actual Fiscal General del Estado, Cándido Conde-Pumpido. Este artículo especifica que ni siquiera se tiene que integrar una banda, porque condena los actos y la intencionalidad de los mismos. De hecho, el juicio contra los integrantes de la banda neonazi Hammerskin -hará ya unos dos meses- permitiría dar un paso más en tanto que sí constituían una banda y de hecho se les impuso una condena por “asociación ilícita”.

La tardanza en la aplicación estricta de este artículo y la desarticulación de la banda mencionada debería hacernos reflexionar  sobre la existencia de entramados enormemente complejos, formidablemente organizados y con una elevada financiación realmente preocupante. La decisión de la Fiscalía General del Estado puede ser un importante precedente, insisto: puede ser; que sirva para algo o quede en papel mojado depende, casi por completo, de fiscales, jueces, y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado así como de algunos cargos públicos: alcaldes, delegados de gobierno, Ministro del Interior.

No obstante, convendría subrayar que, como en tantas otras cuestiones, es la ciudadanía y la sociedad civil quienes más tenemos que poner de nuestra parte para extirpar este problema de nuestras calles. Basta ya de apelar a Gobierno, Policía y Justicia cuando suceden las desgracias pero, mientras tanto, librarnos de toda responsabilidad en el mundo que nos rodea con el tan manido “que lo arreglen los políticos”. Dejar de banalizar los crímenes motivados por el origen de las personas, su nacionalidad, religión u orientación sexual; saber identificar los intereses manipuladores y xenófobos de ciertas organizaciones e incluso de partidos políticos que, como los buitres a la carroña, aparecen siempre que estalla un conflicto entre población autóctona y extranjera; tomar las calles y apelar a las instituciones demócraticas cada vez que la paz social sea perturbada en nuestro barrio o municipio por agresiones, homicidios y asesinatos de esta índole, que parece que el personal sólo se mueve cuando la fechoría sale en programas de televisión o diarios sensacionalistas.

Lograr esto, constituiría un triunfo del antifascismo. Del antifascismo verdadero. Aquél que permitió la derrota de movimientos de corte fascista que ocuparon gobiernos y provocaron dos sangrientos conflictos en Europa. De aquél que combatió con las armas de fuego cuando realmente no había más remedio pero que utilizó, durante la mayor parte del tiempo, el cerebro. Militantes de diversas formaciones políticas que supieron unir esfuerzos por encima de las diferencias ideológicas y que exprimieron sus meninges al unísono para elaborar estrategias políticas y comunicativas o movilizaciones pacíficas en la calle con el fin de derrotar a la bestia. Por esto, deberíamos de dignificar el vocablo antifascismo de una vez por todas, dotándolo de los conceptos que en otro tiempo le dieron significado y nobleza: democracia, pacifismo, trabajo diario y sin estridencias, creación de conciencia cívica, etcétera.

Basta ya de medir el antifascismo por lo alto que se levanta el puño, por la parafernalia fashion que se lleve en forma de chapas, tirantes, crestas y botas militares o por la cantidad de desórdenes públicos que se cometan. La respetabilidad se gana y el izquierdismo no se demuestra, precisamente, quemando y arrasando con el mobiliario público -que pagamos todas y todos- que se encuentra a su paso. Es preciso desautorizar esas actitudes y comportamientos. Precisamente porque es mucho lo que está en juego. Precisamente porque la decisión de la Fiscalía puede constituir un punto de partida para iniciar una rebelión cívica contra este tipo de crímenes, contra quienes los cometen y les ríen la gracia. Una rebelión cívica que se manifieste en el trabajo serio, en la aparición de revistas y fundaciones que denuncien los llamados crímenes de odio, que elaboren estadísticas serias sobre racismo, xenofobia, homofobia y atentados contra la integridad física de las personas o su vida motivados por la opinión o tendencia política de éstas. Países como Gran Bretaña o Suecia, con periodistas metódicos, serios y comprometidos como el ya fallecido Stieg Larsson -más conocido por la trilogía Millenium- pueden constituir un referente para avanzar en esa dirección y hacer de nuestras sociedades comunidades más pacíficas, civilizadas y conscientes. Ojalá la decisión de la Fiscalía sea el impulso definitivo.

Diciembre 12, 2008

State of Massachusetts

Un poco de música para variar un poco el contenido del blog, aunque, siendo éste un blog político, soy incapaz de poner una canción “por nada” o sin significado. Esta canción de Dropkick Murphy’s, una banda musical formada en Boston que aúna en su obra los rasgos más característicos del folclore irlandés con el punk-rock, denuncia la situación a la que se veían abocados -por desgracia demasiado a menudo- una parte significativa de la inmigración de origen irlandés que se estableció paulatinamente en el estado Massachusetts -sobre todo en Boston- y cómo los perniciosos efectos del desarraigo incidieron más cruelmente en mujeres, niñas y niños.

Dropkick Murphy’s-State of Massachusetts

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