…que nunca. Aunque me hubiera gustado más que la detención del “Carnicero de Serbia”, Radovan Karadzic hubiera estado motivada por criterios puramente humanitarios, celebro la detención del que fuera jefe político serbio de las matanzas indiscriminadas y contra civiles, las cuales fueron organizadas junto a Ratko Mladic, a la sazón cerebro militar de la masacre. Karadzic está acusado de crímenes contra la Humanidad y será juzgado por el Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia. Pese a todo, la noticia, como apuntaba antes, me deja un sabor agridulce y, sobre todo, muchas preguntas en el aire: ¿Cómo es posible que este individuo se ocultara tanto tiempo -doce años nada menos- de la vista de todos y lo que es más grave, de las Fuerzas de Seguridad y de las autoridades políticas serbias? A su vez, este hecho, ¿Confirmaría que Serbia es un Estado de Derecho sólidamente asentado o existen aún elementos del Estado favorables a que no se sepa demasiado o incluso -esperemos que no- a ocultar a algunos de los culpables? ¿Podrá el nuevo Gobierno serbio de vocación europeísta asumir eficazmente la renovación de los órganismos estatales clave en el avance serbio hacia una democracia sólida?
Esperemos que el hecho de que la detención de todos los criminales de guerra sea una exigencia previa para el estudio del ingreso de Serbia en la U.E. no distraiga a sus autoridades políticas del verdadero objetivo a medio y largo plazo: asegurar la estabilidad geopolítica del Estado serbio que, habiendo resuelto aparentemente su atomización por una compleja articulación de fuerzas disgregadoras, se ve afectado ahora por una relativa inestabilidad fronteriza que podría no ya dificultar su ingreso en la Unión, sino transmitir esa conflictividad fornteriza a otros países de la región, más allá de las fronteras de los estados vecinos.
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