
Mis razones…para abogar por la abolición de la prostitución. Son motivos -creo- suficientemente razonados pero puramente personales. Así que no esperéis encontrar grandes reflexiones de tipo político, sociológico o filosófico. Son, nada más y nada menos, la postura de un hombre joven de veintitrés años:
1. Porque considero que la prostitución no es ningún tipo de actividad económica sino la degradación de una persona y el envilecimiento del ser humano en su conjunto a causa de ella.
2. Porque, por mucho que pueda existir o no voluntariedad de la persona que se presta a algo así, no puede ser un trabajo el hecho de que alguien eche por tierra su derecho a la intimidad y a la integridad sexual. Para mí, la prostitución no es sino la venta del cuerpo de una persona, ni más ni menos. Esa misma descripción encaja con el perfil de lo que tradicionalmente se ha considerado una esclava o esclavo, de aquellas víctimas de un sistema de valores y prácticas que se suponían abolidos hace ya más un siglo. Es por esto por lo que considero la prostitución como una forma más de esclavitud.
3. Porque creo en la radical igualdad de todos los seres humanos y la prostitución no es otra cosa que la manifestación más flagrante y sangrante de un sistema de valores, principios y prácticas claramente patriarcales que no contribuyen a otra cosa que a perpetuar una serie de roles y prácticas vejatorias en las que la víctima es siempre la mujer a la que, según este código, se considera inferior al hombre.
4. Porque casi la totalidad de personas que se ven envueltas en esta actividad suelen confesar hacerlo por necesidades económicas apremiantes, en ningún caso por gusto o “amor al arte”. Por ello, considero que pagar por prostitución es aprovecharse de las necesidades económicas de esas personas.
5. Porque, desde mi perspectiva, el hecho de pagar por sexo, contemplado de manera aislada, no es sino una forma de abuso sexual consentido.
6. Porque, teniendo en cuenta lo expresado en el punto cinco y desde mi óptica más íntima y personal, no comprendo qué satisfacción se puede hallar en masturbarse con el cuerpo de otra persona (eso es para mí, también, la prostitución).
7. Porque no concibo mantener relaciones sexuales -si así se le puede llamar a “eso”- con una mujer -sigo desde mi punto de vista personal y desde mis preferencias- que no siente el más mínimo deseo por mí, que no disfruta sino todo lo contrario y que es posible que yo le parezca un ser abyecto y repugnante y que tan sólo está pasando por ese mal trago debido a un interés exclusivamente mercantil.
8. Porque, en resumidas cuentas, yo no enfoco la prostitución como una cuestión laboral o de clase, sino desde el punto de vista de un humanismo laico que me lleva a contemplar a cada persona -con sus características y su problemática- desde su condición de ser humano, logrando así -creo y espero- una perspectiva más amplia e integradora. Desde este prisma, considero que la prostitución no puede ser nunca una actividad remunerada lícita en tanto que atenta en su misma esencia contra los Derechos Humanos y contra los derechos individuales más fundamentales de la persona.
Muchas gracias por esta iniciativa, Joaquín. Me ha parececido tan buena que la he seguido en mi blog. He publicado un manifiesto de la Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres en contra de la prostitución.
Hacen falta más hombres con tus ideas.
Besos
comentario por Noelia Seibane — Marzo 18, 2008 @ 10:37 am |