
Leía la semana pasada que el Partido Popular se está posicionando para neutralizar o contrarrestar los derechos que otorga la nueva Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en las comunidades autónomas donde gobierna. Las medidas aprobadas o que están en disposición de aprobarse incluirían la puesta en marcha de campañas de fomento de la entrega de las hijas e hijos no deseados en adopción o la posibilidad de que ONGs contrarias a la IVE asesoren a las mujeres que se estén planteando interrumpir de manera voluntaria su gestación. De las organizaciones de planificación familiar o expertas en IVE no se dice nada, a éstas últimas no se les permitirá participar en el asesoramiento.
No voy a volver a repetir que la derecha de este país, con posibilidades reales de gobernar, da mucho miedo y que no tiene parangón repecto a los partidos conservadores hermanos de la Unión Europea, salvo casos excepcionales como Polonia. Las organizaciones mal llamadas “pro-vida”, ésas que pretenden que la Biblia se convierta en un libro de Medicina y Ginecología de cabecera, tienen, por decirlo así, dos caras: una base, formada por personas que de modo sincero pretenden hacer pasar por verdad -ni siquiera hipótesis- científica los postulados de un movimiento de hace dos mil años y una cúpula, la de cabezas “pensantes” por llamarlo de alguna manera, que tienen miedo: miedo, a que una mujer decida sobre algo tan básico como su maternidad; miedo, a que la juventud se informe y disfrute de su sexualidad, aparcando antiguos prejuicios, temores y roles establecidos entre los sexos producto de siglos bajo dominio de los imperativos biológicos y de la ignorancia; miedo, a que la pérdida de roles y la quiebra del patriarcado den paso a una sociedad verdaderamente laica y miedo, sobre todo, a perder uno de los sostenes que ha permitido a los poderes seculares -entre ellos la Iglesia- y económicos, mantener sujeta a las clases trabajadoras y a las personas con necesidades básicas acuciantes.

Y creo que es aquí donde entra en juego el PP en bloque. Dejando aparte que en este partido pueda haber personas afectadas de la llamada doble moral, que predican una cosa y luego llevan a cabo la contraria, lo cierto es que esta ofensiva en varios frentes y en bloque no es debida -sólamente- a un pensamiento conservador y una necesidad de ganar enteros ante el electorado más derechista. En mi opinión se trata, más bien, de una necesidad puramente economicista. El partido que se dice de todos los españoles -supongo, también, que de todas las españolas- es, en realidad, el que defiende los intereses del empresariado de este país aun a costa de los derechos de las y los trabajadores, es quien descaradamente se reúne con la Patronal y no con los sindicatos, es quien defiende la rebaja de impuestos y cuyo último mandato, a nivel nacional, estuvo marcado por un auge de la economía sumergida. Las hipotecas astronómicas, esas que se han dado a cincuenta años y que se pusieron de moda en la era Aznar cuando en este país había felicidad, poderío económico y dictadura del ladrillo, mantenían sujeto al trabajador: “más vale que esté en silencio, que no proteste para reclamar lo que me corresponde y me niegan porque, si me despiden, a ver dónde voy y cómo pago la hipoteca”.
Si a este temor se añade una descendencia considerable e incontrolada, precisamente la que atenazaba a la clase obrera durante el siglo XIX y más de la mitad del XX en el caso español, se entiende que, junto con la ofensiva contra la IVE, se torpedee la adquisición de la píldora poscoital y la venta de preservativos en buen número de farmacias en comunidades autónomas como Madrid o Navarra. Por todo esto, proclamo que: yo estoy a favor de la vida…pero de la vida digna, sin precariedades ni temores.
Y terminamos esta entrada con unas palabras sacadas del Catecismo político español, libro oficial en las escuelas españolas a partir de 1939:
“Los enemigos de España son siete: liberalismo, democracia, judaísmo, masonería, marxismo, capitalismo y separatismo, vencidos en la Gran Cruzada, aunque no aniquilados, pues se esconden como sabandijas en mechinales inmundos, para seguir desde las sombras arrojando su baba y envenenando el ambiente”.
Menos mal que el pasado es pasado y sólo hay que ocuparse del presente. Buena parte de quienes integran los llamados grupos pro-vida se educaron con manuales de este tipo, que niegan incluso el influjo de la tradición ilustrada europea del siglo XVIII.

